Agheel, el dragón que no aceptaba visitas
«Después de que el caballero del caballo me quitara las ganas de vivir, decidí que lo mejor era darme un paseo relajante por el lago de aquí al lado. ‘Un poco de agua me vendrá bien’, pensé. ‘¿Qué puede pasar? ¿Que me moje los pies?’.
Estaba yo tan tranquilo, viendo a unos pobres desgraciados quemando una hoguera, cuando de repente el cielo se vuelve negro y baja un bicho de cincuenta metros que parece que no ha desayunado. Resulta que el lago tiene dueño, se llama Agheel y tiene la mala costumbre de escupir fuego a todo lo que se mueve.
He corrido tanto que creo que he desbloqueado una nueva estadística de velocidad. Lo mejor de todo es que el dragón se ha cargado a todos los enemigos de la zona por mí, pero luego ha decidido que yo era el postre. He conseguido escapar por los pelos (literalmente, me falta media ceja), pero me he dejado las runas allí mismo.
Nota para el diario: El agua de Necrolimbo está muy caliente. No recomiendo el baño. He visto una cueva cerca, voy a meterme ahí a ver si por lo menos los bichos son más pequeños que un edificio.»
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