Niebla, aullidos y el oso que hace pesas
«He entrado en el Bosque de Niebla porque, claro, soy un Sinluz aventurero y valiente. Mentira. He entrado porque me he perdido y la niebla es tan espesa que no veo ni mis propias botas. El nombre del sitio es muy poético, pero básicamente es como intentar caminar dentro de un tazón de leche caliente.
De repente, escucho un ruido. Un ronquido. He pensado: ‘Ah, será un jabalí’. ERROR. Me asomo y hay un Oso Rúnico durmiendo. Pero vamos a ver, ¿qué comen los osos en este sitio? ¿Proteína de dragón? El bicho es más grande que mi autoestima. Tiene el tamaño de un barco de guerra y unas garras que podrían pelar una montaña como si fuera una mandarina. He intentado pasar agachado en plan ninja, haciendo menos ruido que una pluma, y justo en ese momento el bicho se ha rascado una oreja. Casi me da un infarto. He descubierto que puedo aguantar la respiración durante tres minutos seguidos.
Buscando una salida (o un sitio donde llorar), he visto un edificio redondo con un ascensor. ‘¡De locos!’, me dije, ‘Un refugio’. Me subo, el ascensor empieza a bajar y yo me las prometía muy felices.
Dos horas después, el ascensor seguía bajando. He tenido tiempo de repasar las tablas de multiplicar, de perdonar a mis enemigos y de preguntarme si el ascensor llegaba al fin del mundo. Cuando por fin se abren las puertas… hay un cielo con estrellas. ¡BAJO TIERRA! Al principio he pensado que el golpe del oso me había matado y esto era el cielo, pero luego he visto a unos señores de barro moviéndose por el agua y he dicho: ‘Mira, no’.
He pulsado el botón de subir como si me fuera la vida en ello. Prefiero que me coma el oso de arriba a que me adopten los hombres-barro de abajo. Al menos el oso es de mi ecosistema.»
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